IMPACTO DEL COVID-19 EN LA EDUCACIÓN

Gobierno abandonó a su suerte a los alumnos durante la pandemia y depende del maestro el grado de atención que reciben. El impacto recae en quienes  tienen menos recursos para adaptarse a la modalidad de la educación a distancia, por no tener acceso al Internet o a teléfonos inteligentes.

Para Mi Gente Informa CA, Giovanni Aldana desde Ciudad de Guatemala.

La maestra Margarita imparte clases de primaria en una escuela de la aldea El Paso de los Jalapas, en El Jícaro, El Progreso. Desde que la pandemia de Covid-19 provocó la suspensión de clases presenciales, en marzo del año pasado, no ha podido ver con regularidad a sus alumnos.

En un principio los visitaba en sus casas, al menos dos veces por semana para resolver las dudas que pudieran tener sobre las guías de estudio que semanalmente les entregan para que estudien a distancia.

Otros maestros se reunían en el parque con los alumnos que necesitaban reforzar su aprendizaje. Con el regreso del municipio al color rojo del sistema de alertas debido al aumento de casos de infectados de Covid-19, ya no pudieron hacerlo.

En la actualidad, la maestra Margarita se comunica con sus alumnos vía teléfono celular, por medio de un grupo de WhatsApp. Con acceso limitado a Internet, ella y el resto de maestros de la escuela, han tenido que ingeniárselas para no abandonar a sus alumnos a su suerte.

“Cuando empezó la pandemia decidimos apoyar a los estudiantes en sus casas para que no se atrasaran, pero ahora no podemos porque el municipio está en alerta roja. No todos tienen acceso a una computadora y algunos ni siquiera a un celular pero siempre hay un pariente que tiene teléfono y es ahí a donde enviamos tareas y atendemos dudas”, cuenta la maestra.

Aun así, hay alumnos a los que perdió de vista. “Tengo estudiantes de los que ya no supe nada desde el cierre de la escuela por lo que supongo que abandonaron sus estudios o buscaron otra escuela”, comenta.

Maestros acomodados

Pero hay otros escenarios más desalentadores sobre el impacto que la pandemia está teniendo en la educación de nuestro país. Un padre de familia de San Lucas Sacatepéquez cuenta que en la escuela  a donde asiste su hijo, el maestro únicamente se dedica a repartir las guías de forma digital cada cierto tiempo y se niega a tener comunicación con padres o alumnos por si se necesita resolver dudas.

Alumnos del sistema educativo público fueron abandonados por el Gobierno, algunos tienen la suerte de contar con maestros de vocación que los atienden, otros deben conformarse con profesores que solo les reparten las guías.

“Como el Ministerio de Educación no le dio computadora ni impresora, el maestro dice no tener como imprimir las guías. Tampoco recibe dinero para Internet o teléfono, así que  tampoco se comunica con los niños”, dice el padre de familia.

En otro caso, una maestra le recomendó a una madre cuya hija estaba en proceso de aprender a leer, que le comprara un libro de colorear con las letras del alfabeto para que se las aprenda, pues no tiene como comunicarse con sus alumnos.

Todos los esfuerzos gubernamentales se han concentrado en los últimos dos años en atender la crisis sanitaria derivada de la pandemia, pero ha dejado de lado otras crisis igual de importantes, como la educación de niños y adolescentes.

Es evidente que desde marzo de 2020 a la fecha, ha habido un deterioro en el aprendizaje real de los estudiantes, no sólo debido al cierre de escuelas sino también al poco o nulo acceso a Internet y dispositivos tecnológicos. Esto último ha provocado la ampliación de la brecha de aprendizaje, perjudicando a quienes tienen menos recursos para adaptarse a la modalidad de la educación a distancia.

Lo privado tampoco lo tiene fácial 

Podría creerse que el sector educativo privado se ha defendido mejor durante la pandemia, pero no es del todo cierto. Si bien su población estudiantil tiene acceso y mejores oportunidades para aprovechar las herramientas tecnológicas, esto no se traduce necesariamente en un correcto aprendizaje.

La falta de Internet y de teléfonos móviles dificultan  la educación de la población de más escasas recursos económicos. La deserción ha sido considerable  y su impacto se verá en los próximos meses.

En Guatemala, según datos oficiales, el 27.6% del total de niños que asiste  a la primaria, lo hace  en un colegio privado. Uno de cada dos estudiantes de secundaria también. Desde que empezó la pandemia, hubo una deserción arriba de lo habitual en los establecimientos privados.

Francisco Arriola, del colegio Marianne Frostig, cuenta que de cerca de 360 alumnos que tenían el año pasado, se redujo el número a unos 280 en el presente ciclo lectivo. “Nos hemos enfrentado a muchos retos: desde la capacitación de los maestros para usar herramientas digitales para la enseñanza a distancia, hasta hacer esfuerzos por mantener al día el pago de salarios de nuestro personal”, explica.

Algunos establecimientos educativos privados no lograron sostenerse y han cerrado sus puertas. Esto se debe a los ingresos en los hogares cayeron de forma drástica y esto provocó la salida de alumnos pues los padres ya no pudieron costear las colegiaturas mensuales. En otros casos, los padres tienen pendientes los pagos desde el año pasado.

“Hemos aplicado algunas estrategias para mantenernos a flote. Muchos padres deben colegiaturas del año pasado y se tuvo que negociar con ellos para facilitarles el pago”, agrega Arriola.

La falta de pago también obedece a que existe la percepción de que una educación a distancia no es efectiva. Algunos padres argumentan que no deberían pagar una mensualidad completa pues los estudiantes no están haciendo uso de las instalaciones y que el mayor trabajo lo están haciendo los padres en casa y no los docentes, algo que no necesariamente es cierto.

“Los colegios hemos invertido en capacitar a los maestros para que puedan realizar su labor de manera virtual. El problema es que muchas veces si el alumno no responde de manera presencial, menos lo hace a distancia”, indica Arriola.

Sin supervisión, no es difícil que los niños se distraigan más fácilmente con videojuegos, videos en YouTube o películas en línea. Quizás por eso es que ha habido algunos movimientos de padres de familia que le exigen al Ministerio de Educación que se restablezcan las clases presenciales lo más pronto posible.

¿A dónde va la educación?

El presidente Alejandro Giammattei mencionó la posibilidad de un retorno a escuelas y colegios el próximo mes. Una medida que a juicio de los expertos es muy aventurada. Si bien es cierto que se ha empezado a vacunar a los maestros del sector público y privado, no existe un plan estructurado a corto plazo para la inmunización de niños y adolescentes.

La educación privada tampoco ha tenido suerte. Muchas padres deben colegiaturas y la deserción es alta, aun así los propietarios tratan de mantener a flote sus colegios y pagar al personal. Los más pequeños han cerrado sus puertas.

Apenas se han aplicado poco más de un millón de dosis y solamente unas 188 mil personas han recibido la inmunización total. Esto es apenas el 1.1% de la población completamente vacunada. En contraste, se han superado picos de más de 3 mil nuevas personas infectadas por día.

Arriola estima que no debería arriesgarse a los menores a un posible contagio por asistir a clases presenciales. “El hecho de que un maestro esté inmunizado no implica que no puedan existir contagios entre los menores, y que estos a su vez puedan infectar a las personas que viven con ellos”.

El docente considera que un retorno a clases presenciales debería hacerse de forma gradual, siempre y cuando se alcance un porcentaje significativo de población inmunizada. Algo que todavía está lejos de suceder.

En lo que sí coinciden nuestros entrevistados es que el proceso de aprendizaje no ha sido el óptimo, independientemente si son estudiantes del sector público o privado  o los esfuerzos y recursos que puedan tener las instituciones educativas.

Los niños y adolescentes no han tenido oportunidad de fomentar su desarrollo social y eso, a la larga, va a pasar factura. Más allá de los conocimientos adquiridos, la interacción interpersonal es muy importante para los menores y será clave cuando formen parte de la Población Económicamente Activa. 

Por lo pronto, el sistema sigue trabajando con un esquema paliativo para responder a las necesidades educativas de la población, en lugar de generar un mecanismo que reinvente el modelo educativo actual y lo convierta en un herramienta eficaz de aprendizaje para un mundo post pandemia y altamente tecnológico.

De seguir así, el país reprobará en sus esfuerzos de formar a las nuevas generaciones para enfrentarse a un futuro incierto.

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